Por la mañana en la estación, una cara conocida.
Una sonrisa, una cara, un olor familiar… el olor de una
vieja y perdida amistad… el olor de una época inolvidable.
De repente un abrazo… ya no me acordaba de esto…
Iba solo, ya no como antes, y al final de un breve reencuentro, un adiós del más simple que nunca habría imaginado ni quise tener con aquellas personas. Con tantas historias detrás, era demasiado poco..